El periodista Albert Forns escribió recientemente para Crític un interesante reportaje sobre el impacto del turismo de masas en 5 ciudades de la red SET (ciudades y territorios del Sur de Europa contra la Turistización) a partir de entrevistas a miembros de otros tantos colectivos. Agradecemos la generosidad y amabilidad que muestra al cedernos las entrevistas íntegras, que publicamos estos días empezando por la de Markel Ormazabal, del colectivo donostiarra Bizilagunekin., que literalmente quiere decir “con los/las vecinos/as” y nace de la conjunción de tres palabras: “Bizi” (vivir), “Lagun” (amigo/a), y “Ekin” (actúa).

El turismo en Donostia no es una novedad, la ciudad ha recibido turistas durante todo el siglo XX. Pero entiendo que ahora la cosa va a peor.

Sí, incluso me atrevería a decir que las primeras expresiones del turismo moderno en la península hacen su aparición a orillas del mar Cantábrico, desde Santander a Donostia, cuando los “baños de mar” y los “baños termales” se ponen de moda. Prueba de este carácter histórico es que Antonio Cánovas del Castillo murió asesinado por el anarquista Michele Angiolillo en el balneario de Arrasate-Mondragón, a finales del XIX. La decisión de la Reina Regente María Cristina en 1885 de trasladar la corte todos los veranos a Donostia, consagró a la ciudad como lugar de veraneo de la aristocracia y las altas esferas.

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Más adelante, durante la guerra del 36, que el norte de la península fuera una de las primeras “zonas liberadas”, afianzó el carácter turístico de Donostia. Es decir, mientras que el resto del territorio seguía siendo un campo de batalla, Donostia y sus alrededores se convirtieron en lugar de alojamiento del franquismo. A lo que hay que añadir el hecho de que Franco mantuvo la costumbre de sus predecesores de veranear por estos lares.

También es cierto que las expresiones de violencia política que hemos padecido durante más de cincuenta años han supuesto una especie de muro de contención ante el veraneo de masas, pero en los últimos cinco años la situación ha cambiado. El cese de la actividad armada de ETA hizo caer ese muro, y coincidiendo en los tiempos, hay que añadir la desmesurada campaña de internalización del territorio que viene desarrollando el Gobierno Vasco, con el fin de atraer capital extranjero tanto en forma de inversores como de turistas.

Existen, además, otras causas que ayudan a entender el crecimiento turístico. Estas son de carácter exógeno y son compartidas con la mayoría de las regiones del sur de Europa. Por un lado está la reestructuración sistémica poscrisis (2008) donde, especialmente en las regiones más golpeadas por la crisis, “el turismo salva el ladrillo” y se convierte en una, a priori, forma rápida de salir de ella. Aunque ya hemos visto que más que una salida era una huida hacia delante en una calle cortada. Y por otro, la inestabilidad posterior a las llamadas “revoluciones árabes” supuso un desplazamiento de los “tradicionales” destinos turísticos de la Cuenca Mediterránea, favoreciendo los destinos continentales ya existentes, pero también creando nuevos.

¿En qué grado afectó el terrorismo?

Quién conocía Euskal Herria en la época en que el enfrentamiento y las violencias caracterizaban el conflicto político, sabía que esto no era ni el Ulster ni era Gaza, y que no tendría mayores problemas al pasar por aquí. Pero entiendo que la imagen que muchas veces exportaban los medios de comunicación tuvo que generar no pocas reticencias. Si no me equivoco, y es lo que ha sucedido con los destinos mediterráneos, las agencias de viaje están obligados a informar de las especificidades del lugar, más aun de la existencia en estas de conflictos armados o terrorismo, sean estas de la intensidad que sean. Al caer el muro del “terrorismo” y con el levantamiento del “aviso a navegantes”, la llegada de turistas se ha multiplicado.

¿De qué cifras hablamos para considerarlo turismo de masas?

Hablamos de turismo de masas, sí, y para entenderlo la escala es importante. Somos una capital de provincia, pero una capital que apenas llega los 180.000 habitantes. Para que te hagas una idea, el distrito de Sants-Montjuïc supera esta cifra. Según los datos del 2016, el número de turistas que pernoctó en la ciudad ese año fue de 1,26 millones, y la cifra va creciendo año a año. Es más, en 2015 la directora de Turismo del Gobierno Vasco previó para el 2020 la llegada de 4 millones.

Considerando la Parte Vieja como punto neurálgico del turismo en la ciudad, y en un hipotético reparto proporcional en base al dato de 2016, habría diariamente más de 3.450 turistas en un barrio donde vivimos 6.000 vecinas. Cifra que, dando por buena la previsión del Gobierno Vasco y haciendo un poco de futurología, en los siguientes dos años crecerá hasta los 11.000.

Más allá de la numerología, los efectos del crecimiento de la actividad turística son irrefutables. Es cierto que, hoy por hoy, los problemas relacionados con la masificación del espacio público se sufren más agudamente en las zonas del centro de la ciudad, pero las facilidades que la administración da a este sector han acelerado tanto su desarrollo, que la estructura productiva de toda la ciudad está cambiando rápidamente. Además, está el problema de la vivienda, problema que Donostia lleva arrastrando demasiado tiempo, pero que el fenómeno turístico lo ha agudizado obscenamente.

¿Tenéis muchos hoteles? Entiendo que por tradición sí…

Pues parece que para quienes nos los gobiernan no es así. A día de hoy existen 1100 plazas hoteleras, pero hay en marcha la construcción de otros 20 hoteles, con 1200 camas nuevas. Mientras que el gobierno municipal se echa las manos a la cabeza argumentando, y de algún modo aceptando, que el crecimiento turístico ha tocado techo, reparte licencias y permisos como es el caso de estos 20 nuevos hoteles.

Y luego está la cuestión de los pisos turísticos, y más concretamente, Airbnb, que está ofertando 7.349 plazas más, muy muy localizadas en el Centro, la Parte Vieja y en Gros. Lo cual genera un nivel de expulsión de la población residente muy alto. La asociación de vecinas de la Parte Vieja, por ejemplo, calcula que el último año más de 500 personas han dejado de vivir en el barrio. Un barrio que es de uso residencial y que tiene -o tenía-, no olvidemos, 6.000 habitantes.

En lo que a la Comunidad Autónoma Vasca se refiere, Donostia es la ciudad con más anuncios de Airbnb, duplicando las cifras de Bilbao –que tiene el doble de población– y a la vez la que tiene mayor cantidad por total de vivienda, con barrios que tienen mayores porcentajes de todo la comunidad por encima del 3 %. A los que habría que añadir todas las que están sin clasificar y no están contabilizadas. El efecto que ha tenido en la subida de alquileres es bestial. El precio de la vivienda en alquiler ha subido un 3,5 % en 2017, con 14,1 euros el metro cuadrado. Donostia es la tercera capital del estado con los alquileres más caros, con una renta de 1.352 euros al mes. Y hablamos sobre el precio de compra, nada más decir que hace un par de semanas leíamos la noticia de que Donostia marcaba un nuevo récord en el estado con 22.000 euros el metro cuadrado. Lo obsceno de todo esto es que venden la noticia como si estos datos fueran algo bueno.

¿Qué tipo de normativa tenéis para el alquiler turístico?

El gobierno vasco está trabajando en ello, y en Donostia, a raíz del malestar surgido durante el verano, el 31 de agosto de 2017 se aprobó una primera “Ordenanza reguladora del uso urbanístico de vivienda turística y alquiler de habitaciones en vivienda habitual para uso turístico”.

Un objetivo declarado de la ordenanza provisionalmente aprobada era garantizar un número suficiente de viviendas para uso residencial y, al mismo tiempo, conseguir que el desarrollo del alquiler de pisos turísticos fuera más equilibrado en su distribución geográfica. Para conseguirlo proponía dos medidas o instrumentos: limitaciones en cada portal y la zonificación de la ciudad. Así, se planteaba dividir la ciudad en tres zonas en función del grado de saturación en la oferta de pisos turísticos. Se creaba por primera vez la figura de “zona saturada” y se clasificaba a la Parte Vieja, por ejemplo, de esta manera. Pero como denuncio la asociación de vecinas, esta consideración no abarcaba a todo el barrio, ya que si en el Puerto y en el interior se prohibía abrir nuevos pisos turísticos, no era así en los números pares de ciertas calles o en la parte oriental de la Parte Vieja.

Además, hay que subrayar que el ayuntamiento, por medio del PGOU (Plan General de Ordenación Urbana), ya tenía instrumentos suficientes para regular los pisos turísticos, y que establecían unas limitaciones para implantar el uso hotelero en las edificaciones residenciales. Algunas de las carencias que presentaba la ordenanza inicialmente aprobada han sido revisadas en el reglamento final, pero la falta de medios para su implantación y seguimiento nos hace desconfiar de sus resultados. Sin olvidar la influencia y la presión que ejercen y seguirán ejerciendo los lobbys del sector, quienes ya han demostrado capacidad suficiente para condicionar las decisiones políticas.

Desde la plataforma Bizilagunekin entendemos que la ordenanza no solucionará el problema. Puede que la ley ayude a mitigar los efectos cara a futuro, pero el daño ya está hecho y no se plantean medidas de “sanación”.

¿Qué tipo de turismo tenéis? ¿Es nacional o internacional? ¿Entiendo que es mayormente gastronómico, pero también debéis tener turismo cultural…

Mira, tenemos turismo de todo tipo. El centro es una zona tranquila, pero en mi patio hay unas cuantas casas que se alquilan a estudiantes y ahora notamos que cuando llega el verano la utilidad de esas viviendas cambia totalmente. Hace 2 o 3 semanas me topé con un turista por los tejados de la casa, que se había quedado sin llave y quería trepar por la ventana, y ayer mismo en el piso de abajo habían montado una fiesta y salió la mitad del patio a gritarles.

Los políticos repiten que quieren turismo de calidad, con la gastronomía y los pinchos en el centro, y también cultural, más si cabe después del nombramiento en 2016 de Donostia como Capitalidad Cultural Europea y la apertura de un nuevo Centro Internacional de Cultura Contemporánea, Tabakalera, que de hecho, se ha convertido en un gran dispositivo gentrificador.

Pero luego hay otros dos tipos de turismos: el comercial, con gente que viene mayoritariamente de Francia y que nos afecta durante todo el año. Vienen de fin de semana, atraídos por campañas públicas, cuando llega el viernes el centro se llena de franceses, y esto ha provocado muchos cambios en los comercios, que se reorientan en esa dirección. Para que te hagas una idea, en 2014 abrió en Donostia el ZARA más grande de España, que rápidamente se convirtió en el que vende más de todo del mundo. Y luego está el turismo de despedidas, que lo hemos notado los últimos dos años. Ya ves que el fenómeno es imparable, una vez has puesto en venta la ciudad no puedes pararlo. Hasta hace seis años el turismo que venía era de clase alta, pero la campaña de internacionalización ha atraído gente de todo tipo.

¿De qué manera llegan a la ciudad? ¿Tenéis vuelos low cost en Hondarribia?

Mira, en Donostia cada vez que alguien menciona Barcelona, el gobierno municipal dice que quien compare Donostia con Barcelona es que no vive en Donostia, y ponen de ejemplo dos razones: a Donostia no vienen cruceros, porque no tenemos un puerto con suficiente capacidad y la costa cantábrica es dificultosa para los transatlánticos, y luego los viajes low cost, porque el aeropuerto de Hondarribia es demasiado pequeño. Pero curiosamente llevan años intentando ampliarlo, y respecto a los cruceros, a Bilbao ya llegan, y los dos últimos años han estado haciendo pruebas para traerlos a Pasajes, y hace un mes hicieron una prueba con un transatlántico en Hendaia. O sea que es verdad que por ahora las dos ciudades no son comparables, pero los políticos hacen todo lo que pueden para conseguir cruceros y vuelos.

Por otro lado, la apuesta de los últimos años aquí es la Y vasca de alta velocidad, que se entiende que atraerá el turismo. De hecho, se ha planteado que el centro cultural Tabakalera solo tendrá viabilidad si el tren de alta velocidad llega a Donostia. Luego estaría conectado con la parte francesa y tendrían un corredor interesante. Todos los planes de internacionalización se gestionen a nivel de Euroregiones, estamos en la Euroregión del Atlántico, con Aquitania y las tres provincias de Iparralde, además de Nafarroa, y todos los planos de internacionalización e inversiones se hacen desde estas plataformas. Incluso la marca de atracción turística de la provincia no se llama “Gipuzkoa”, se llama “San Sebastian Region”. Y luego hay otra infraestructura específica en Donostia, la construcción del metro, una obra faraónica sin sentido, que despierta muchas dudas sobre si la van a poder acabar. El metro estaría conectado con las vías de ferrocarril de la provincia, y aunque lo vendan que el proyecto es para acercar la periferia, la idea es comentar el centro económico y comercial de la ciudad, para que venga gente desde toda la provincia para el turismo comercial y los turistas se puedan alojar fuera de la ciudad.

¿Como ha cambiado el tejido comercial con el turismo?

La Parte Vieja está desestructurada, destrozada, en muy poco tiempo ha cambiado completamente y hay mucha gente de otros barrios que ya no baja al centro, la gente se queda en su barrio porque es imposible pasear por la Parte Vieja.

Hasta hace dos años, el dogma era que “cuanto más, mejor”. Ahora están preocupados, pero aún no han tomado ninguna medida. El comercio está totalmente cambiado, los comercios de toda la vida ya cerraron, y aunque la cantidad de bares no ha cambiado, las tiendas son mayormente de souvenirs y venden la marca Donostia a los turistas. Con el cierre de los comercios tradicionales, el capital se está acumulando en cada vez menos manos. Las multinacionales se han hecho dueños y señores del comercio donostiarra, todo son tiendas de marca, de telefonía…Alguien calculó que la duración media de un comercio pequeño desde su apertura en la Parte Vieja, es de 3 meses. Aguantan en verano, pero a la que baja un poco la cantidad de turistas, muchos tienen que cerrar. Quitando los lugares clásicos, el resto sobrevive 3 meses de media. Es brutal.

También ha cambiado el puerto.

Antes el puerto era de los pescadores, y el pescado que se consumía en los bares de la ciudad entraba por el puerto, pero actualmente todas las nuevas actividades se están orientado al turismo, con pesca recreativa y actividades deportivas. En el muelle también se celebraban las dos fiestas de verano, los Cármenes, y la Semana Grande y la fiesta pirata. Estas actividades comunitarias se realizan en medio del puerto, donde ahora se construyen dos hoteles y un restaurante, por tanto el año siguiente prevemos que no habrá licencias para celebrar las fiestas porqué obviamente molestaran.

También decís que el turismo crea problemas al euskera.

Los procesos de aculturización relacionados al turismo son constatables. Se dice que el turismo enriquece, en tanto en cuanto es tractora de diversidad, pero el resultado no es otro que la homogeneización cultural. Y si esto es así para las culturas que para su creación y desarrollo cuentan con apoyo estatal, no es difícil de imaginar lo que sucede con aquellas otras que se encuentran en situación de desigualdad o sometimiento, como es el caso del euskara y la cultura vasca. La indefensión es casi total. Si antes de la llegada masiva de turistas ya estaba relegado a un segundo plano, actualmente el euskara se encuentra fuera del mapa.

En los últimos años, para trabajar en los bares de moda de las zonas turísticas ya no es necesario conocer el castellano, con hablar inglés o francés es suficiente, por lo que te puedes imaginar a donde se relega el euskara. Ha desaparecido de las rotulaciones y de la publicidad, de la geografía urbana, del espacio público de los barrios que, como la Parte Vieja, eran de los barrios más euskaldunes.

¿Como afecta el turismo a la cultura de los pinchos? ¿Han subido los precios? ¿Ya no podéis ir a los sitios de siempre?

La ciudad ya era bastante cara antes de toda esta explosión, pero ahora se ha explotado el turismo gastronómico y todos los bares de ponen a ello. El año pasado salió en los medios de comunicación la historia de un bar donde cobraron 8 euros por dos cervezas, y salió a la luz porqué confundieron a un autóctono con un turista.

En Barcelona que te cobren 8 euros por dos cervezas es cada vez más común en según qué sitios.

Aquí, como te decía, mucha gente ya no baja, no solo por la saturación, sino porqué darte una vuelta y tomar algo te cuesta un riñón y parte del otro. Siempre hay espacios de resistencia, que son los que utilizamos los pocos vecinos que aún quedamos.

¿Los turistas van a las herriko tabernas?

Pues mucho menos. Muchos turistas vienen sobreavisados de las zonas supuestamente conflictivas y en la calle Juan de Bilbao, más conocido por Ikatz kalea (calle del carbón), por ejemplo, no entran tantos. Quizá sea por la parafernalia o los símbolos que se puedan ver, ven ikurriñas, banderas reivindicativas, y les tira para atrás. Precisamente hace unas semanas, un grupo de estudiantes de arquitectura de la Universidad de Donostia, realizó un pequeño estudio con dos mapas, dando pegatinas a los turistas y a los autóctonos, y pidiéndoles que las pusieran en los lugares donde se encontraban cómodos y en los lugares en que no. Entre los vecinos, la comodidad máxima estaba en la calle donde está la Herriko Taberna, y era el único sitio tranquilo del centro. En cambio los turistas ponían la pegatina de incomodidad máxima en esa calle. Quizá es también porque no hay tiendas y es donde más pintadas habrá de “Tourists go home”.

¿Como llevan el turismo los donostiarras? ¿Están a favor del turismo o empiezan a ver los problemas que genera?

Mi percepción es que está cambiando, pero el discurso políticamente correcto, el mantra que el turismo trae riqueza y que con el turismo nos enriquecemos todos ha durado muchos años, y ahora vemos que era una pantalla que no dejaba ver la realidad. Todavía hay puntos de vista encontrados, pero se nota el cambio de perspectiva, incluso entre los gobernantes, a causa del malestar ciudadano, sobretodo del verano pasado.

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Pero también ha habido protestas: en mayo la ciudad acogió la cumbre anual de la Organización Mundial del Turismo (OMT), y tuvisteis marchas y acciones que acabaron en cargas policiales. ¿Vivís una persecución policial de las protestas antiturísticas, o lo de la OMT fue una excepción?

Las protestas contra la cumbre de la OMT coincidieron con la semana de confluencias de las luchas sociales, de manera que decenas de entidades se unieron a las protestas y la mayoría de las acciones se hicieron enfocadas al tema del turismo. Desde nuestra plataforma intentamos entregar una carta explicando la situación de los vecinos a los de la OMT, pero no nos dejaron entregarla, y por la tarde se hizo una concentración i ahí sí que cargaron. Era la primera vez que se elegía San Sebastián para hacer esté tipo de reunión, y el dispositivo de seguridad era inmenso, con el helicóptero a tope toda la semana, los de la Ertzaintza se vinieron demasiado arriba. Pero no es nada nuevo, en las dinámicas que tocan el turismo se le está dando mucha caña. El 1 de mayo de 2017 hubo una acción de Ernai en un hotel de la Parte Vieja para denunciar las condiciones precarias de los currelas hoteleros, con una concentración y poco más, y acabó con identificaciones de la Ertzaintza y un procedimiento judicial. Y no sabemos como, pero ahora ha entrado la Policía Nacional, que no estaba ahí, con un nuevo informe y ahora hay 18 jóvenes imputados. Creemos que están intentando dar cuerpo jurídico al delito de “turismofobia”, tal como anunció el digital OK Diario, vinculándolo a la kale borroka, y pensamos que este juicio puede ser un experimento para ver como les sale. Se hizo una rueda de prensa para denunciar los hechos, y ahí también se presentó la policía y hubo identificaciones. Veremos, el juicio empieza ahora.

¿Qué soluciones planteáis desde la Plataforma Bizilagunekin?

Nosotros no queremos demonizar el turismo, estamos hablando de una actividad económica que no tiene nada malo de por sí, lo único es que hay que regularlo. Hasta ahora reivindicábamos un debate público, moderno y sincero sobre el modelo turístico, y para este verano preparamos un decálogo con propuestas más concretas. El ayuntamiento y la diputación foral están estudiando sacar una tasa turística, que de momento no tenemos, y creemos que podría servir para solucionar los problemas más urgentes de la ciudadanía, que son la urgencia de alquileres y pisos. También pensamos que ni la descentralización ni la desestacionalización arreglan nada. Y aunque son necesarias, las moratorias tampoco arreglan nada, porque el daño ya está hecho. Creemos que es importante incorporar el discurso del decrecimiento turístico, pero es un concepto polémico porqué cada cual lo entiende a su manera.

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