Segunda de las cinco entrevistas realizadas por el periodista Albert Forns a miembros de colectivos de la red SET (ciudades y territorios del Sur de Europa contra la Turistización) a raíz del reportaje sobre el impacto del turismo de masas en 5 ciudades para Crític. Carlos Delacalle participa en diferentes colectivos sociales de Madrid, entre los cuales Lavapiés Dónde Vas.

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En Madrid ha habido turismo desde siempre. ¿Qué está pasando ahora?

En Madrid ha habido turismo siempre, pero con un impacto muy relativo, porque no era ciudad especialmente atractiva para el turismo internacional. Es una ciudad de posición de privilegio respecto a las infraestructuras, aeropuerto, al AVE radial, que obliga a la gente que quiere ir a cualquier lugar de España a pasar por Madrid. Y últimamente el turismo ha crecido exponencialmente, no porque la ciudad haya mejorado su atractivo, sino por las situaciones de crisis en destinos turísticos anteriores. Madrid ha hecho un esfuerzo desproporcionado para tener turismo, se ha hecho de todo para lograr una candidatura olímpica, y no solo económicamente sino en infraestructuras. Se modificó la normativa urbana para que las plazas hoteleras se multiplicaran exponencialmente con la excusa olímpica, con lo que salieron hoteles por todas partes y se reconvirtió montones de edificios del centro de Madrid… También está la ampliación de la T4 de Barajas y la atracción del negocio de los vuelos baratos, y todas las otras infraestructuras generadas, y con las críticas que conllevan, porqué se fomenta la inversión en larga distancia contra la escala vecinal. Comparados con la inversión en ámbito social, los esfuerzos para atraer turismo son enormes. Si solo se plantea el negocio turístico mirando solo las cifras de facturación y de visitantes puedes sacar una conclusión precipitada y asegurar que es importante mantenerlo, pero hay que considerar otros factores que se ignoran todo el tiempo. Porqué el turismo es una industria extractiva, que gasta mogollón, que no repone y que impone unos hábitos de viaje determinados. Para evaluar el impacto turístico hay que cuantificar las infraestructuras públicas que necesita, la inversión pública directa al sector, el gasto energético, los residuos que genera, el gasto de agua, y todo esto no se mira a la hora de valorarlo. El turismo genera montones de beneficios para los grandes inversiones y para la gente que puede viajar, pero en España el 40% de los ciudadanos no pueden hacerlo. Si lo cuantificas en este plano, el turismo no sale tan rentable.

¿Cuando nace vuestro colectivo?

Tenemos más vocación de red que de colectivo. Empezamos hace dos años o así, nos reunimos gente que había estado trabajando en proyectos distintos y que veíamos que el activismo social de Lavapiés estaba diluido y queríamos volver a incidir. Preparamos una “deriva”, que es un paseo por el barrio para identificar situaciones y problemas, y acabamos con unas jornadas donde hicimos un diagnóstico, que está online, y que nos sirve de marco y agenda común. Ahora estamos más centrados en las emergencias, la emergencia del problema de la vivienda, que son cuestiones ya trabajadas por la PAH y la Asamblea de la Vivienda, al que se ha sumado una gran subida de los alquileres con el desembarco del sector turístico. También trabajamos los problemas de ocupación del espacio público que conlleva, y la construcción de la marca Lavapiés, que falsea la situación real del barrio.

¿Y cual es la situación real de Lavapiés?

Tenemos un barrio dual, colonizado por la gente que tiene un componente chic, con su alto poder adquisitivo, y que invisibiliza al sector vecinal de siempre, que sigue siendo precario, subalterno y sin capacidad de influencia política. Lavapiés es un barrio chico, situado en el sur del centro, y con todos los datos socioeconómicos equivalentes de los barrios del sur de las ciudades, con una posición desfavorable. Y aquí la inversión de dinero público solo ha servido para el beneficio privado. En los programas de rehabilitación, por ejemplo, la mayor parte de inversión pública no fue para adecuar las viviendas donde vivía la gente más desfavorecida, sino que se dedicó a la ampliación del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, la construcción del Teatro Nacional Valle Inclán, la implantación de la UNED… Y aún no se ha podido materializar, pero ya hay planos, la reconversión de uno de los mayores edificios públicos de la ciudad, que es la Tabacalera, para sumarla a la “milla de oro” cultural. Y luego está la inversión privada, como La casa encendida, de manera que el barrio se ha rodeado de actores culturales, que son principalmente turísticos. Se ha arreglado el entramado de calles, se ha mejorado el uso del espacio público sobre todo para los comercios relacionados con la hostelería, cuyas terrazas ocupan prácticamente el 70% del espacio. Pero esto no se ha hecho para fomentar que los vecinos comamos y bebamos fuera, sino como elemento de atracción. Están vendiendo la marca Lavapiés, tranquila, simpática, multicultural y acogedora como polo de atracción. Antes el polo de atracción principal de Lavapiés era el Rastro, que antes era un mercadillo más o menos cutre, pero lo han modificado para que no sea lo que era. Todas estás cosas se han hecho con inversión pública, pero Lavapiés no es sólo lo que se ve. Lavapiés tendría que ser un barrio para ser vivido, no solo para ser visto.

¿Con todos estos programas de rehabilitación han cambiado los vecinos del barrio?

En la rehabilitación de Lavapiés se planteaba, entre otras cosas, la “atracción de nuevos colonizadores”. La administración buscaba una serie de perfiles, uno eran los estudiantes Erasmus que necesitan un espacio temporal para vivir, por eso para atraerlos pusieron la UNED aquí. Un segundo perfil era atraer gente con mayor poder adquisitivo, que equilibrara los datos socioeconómicos del barrio, y un tercer perfil eran inversores de vivienda que necesitan tener varias casas en varias ciudades, los multipropietarios que necesitan tener una buhardilla en Lavapiés y un apartamento en Manhattan, por ejemplo. Son los extranjeros ricos que ahora pueblan el barrio, pero también actores majos y simpáticos que tienen sus buhardillas y profesionales que buscan un sitio chic, porqué aunque sea un piso pequeño, vives en un barrio guai. En pisos de 22 metros donde antes vivían familias enteras en precario ahora hay apartamentos con jacuzzi, bien pintados y con aire acondicionado. Los beneficios para ellos son muchos, por un lado si compras cuando se está revalorizando el barrio, la inversión va a ser siempre rentable, y además puedes sacar rendimiento del piso mientras no estás, transformando tu casa en apartamento de uso turístico ya que, de hecho, es mucho más rentable alquilar en Airbnb que a un vecino que quiere vivir permanentemente. Los datos socioeconómicos del barrio indican que crece la población extranjera, pero no es la población extra-comunitaria pobre que anteriormente vivía aquí, en el barrio ya no existen los extranjeros pobres: los extranjeros de ahora son población occidental, europeos, estadounidense, y también la élite de algunos países latinoamericanos, con rendas muy altas.

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¿Tenéis problemas de saturación turística, calles por las que no se puede circular y que los vecinos evitáis?

No, Madrid no es Barcelona o Palma, por suerte no tenemos las Ramblas. Pero en situaciones estacionales es significativo, sobretodo en las grandes temporadas de atracción turística, que para nosotros no son en verano, sino en Navidad, el puente de la Constitución, en época de compras. Entonces si que es prácticamente imposible pasear por ciertos sitios, Gran Via es un horror, y Sol también. Y luego hay el otro turismo madrileño, festivo, que es el turismo de bares, porqué hemos sido una ciudad de bares de toda la vida, y esto ahora funciona a saco, no sólo el fin de semana en el centro con la gente que ya venía de la periferia, sino que ahora se ha añadido el turismo y hay zonas saturadas, es imposible entrar en algunos locales, donde la mayoría de los clientes ya son turistas. Y dirás, pues mejor para los bares, pero la saturación afecta a los vecinos, que no pueden moverse por el barrio y viven sin tregua. Además los negocios centrados en el turismo se les obliga a tener un modo de comportamiento, una rutina: si necesitas miles de turistas en tu bar, tu bar va a estar condicionado por eso y acondicionado por eso. Y esto crea dependencia, y el turismo decae, habrá montones de establecimientos de estas características que caerán, y no creo que luego estén a tiempo de convertirse en una frutería…


¿Los vecinos utilizáis estos bares y terrazas saturados? ¿O tenéis un circuito alternativo de bares no turísticos?

En Lavapiés teníamos la calle Argumosa, la clásica callejita con terrazas, y ahora hay tal concentración que la gente del barrio ya ni va. El turismo crea un problema de monocultivo que afea la vida cotidiana de la gente, y la vida cotidiana se vuelve una estafa. Además, el contenido de la expresión social que se produce en las terrazas ya no es interesante. Y puede parecer una chorrada, pero los espacios comerciales servían para hacer red, eran un sitio de reconocimiento mutuo, eran espacios de encuentro. Ahora, cuando cualquiera es cualquiera y nadie es nadie, la capacidad de construir comunidad se empobrece.

¿Qué otros barrios tienen problemáticas en Madrid?

El centro de Madrid está atravesado por la Gran Via, un eje comercial que divide en dos el distrito de manera radical. La comunicación entre los barrios del norte y el sur del distrito ya no es ni cómoda de realizar, y los barrios entorno a la Gran Via han padecido transformaciones parecidas a la de Lavapiés. En Malasaña todo empezó tres o cuatro años antes, y ahora es un barrio donde es difícil vivir en la actualidad. Es el mayor exponente del comercio guay, positivo, para modernos, pero que no está pensado para los vecinos: es muy difícil encontrar establecimientos de cercanía. Los Austrias ya ocupaba una posición estratégica para el turismo, debido a la monumentalidad y al entramado callejero, y en el Barrio de las Letras ha habido mucha inversión directa para rehabilitar los espacios públicos, y ahora ya hay más turistas que habitantes habituales, los usos turísticos han monopolizado el barrio y las pernoctaciones turísticas ya duplican a los residentes, porque en paralelo se produce un proceso de vaciado de la población importante. Y cuando suceden estos procesos de vaciado de población, la capacidad de incidencia vecinal disminuye. Y las periferias cercanas al centro, están empezando a instalarse viviendas de uso turístico, y inevitablemente los precios del alquiler están subiendo tanto como en el centro. Nuestra crítica no es solo al turismo, sino al urbanismo que se ha practicado en Madrid, y al uso acrítico y mercantilizado de la ciudad.

¿En Madrid, los políticos son parte de la solución o del problema?

Mira, a parte del turismo, la gran productora de beneficios en la Comunidad de Madrid es la intermediación inmobiliaria: no hablo de la construcción de edificios, sino de la transmisiones, los procesos especulativos con fondos de inversión opacos o no opacos. Y la dinámica de intervención política en algunos ámbitos ha sido intentar que la circulación de capital en el sistema inmobilario fuera ágil y muy productiva para los inversores de todo tipo. En sus balances de 2014 y 2015, las propias organizaciones hoteleras situaban el sector hotelero en Madrid com la mejor inversión, con plazos de amortización de las inversiones de 7 o 8 años y rendimientos de entre el 8 y el 12%. Y así se marcan los objetivos y las políticas: quien tienen pasta piensa en como la puede multiplicar, y los efectos sociales sobre esta mercantilización de todos los ámbitos de la ciudad afectan al espacio publico y sobretodo a la vivienda, que está en el centro de estas políticas.

¿Con el nuevo ayuntamiento ha habido alguna reversión de la saturación turística?

No no la ha habido. Los alquileres están alcanzando cotas máximas, que nos dejan fuera a la gente que vivíamos en ellos. La vivienda de uso turístico se ha extendido ilegalmente, aunque el último plan las prohibe en edificios sin acceso independiente. En algunos casos el ayuntamiento parece que toma posición a favor de la contención de los efectos, como la moratoria, que llega un año y medio más tarde de cuando la pedimos los movimientos sociales. Y durante este año y media las viviendas de uso turístico ilegales han crecido de 200 a 3000 en Lavapiés. De manera que cuando se actúa, el daño ya tiene un carácter irreversible. No es que la política llegue tarde, es que llega condicionada porqué los rendimientos económicos priorizan sobre los intereses sociales.

¿Qué límites fija la moratoria turística?

La moratoria del ayuntamiento decreta que no puede abrir ningún nuevo establecimiento hotelero en el centro, y limita los hoteles en otras áreas. Debido a nuestras presiones, incorpora la obligación de un acceso independiente para las viviendas de usos turísticos en bloques residenciales, lo que implicaría que en el centro de Madrid, donde hay una declaración de prioridad residencial, no existiría ninguna posibilidad de vivienda de uso turístico. Pero ahora ya hay 13.000 apartamentos turísticos en el centro, que al no tener acceso independiente como los hoteles, serían ilegales y no pueden tener licencia de actividad. ¿Van a cerrarlos? En cualquier caso, la capacidad del ayuntamiento para intervenir, abrir expedientes y cerrar apartamentos es muy limitada. Durante la moratoria se ha elaborado un plan especial, pero sabemos muy pocas cosas porque no se nos permite participar en su desarrollo. La moratoria ya da por perdidas ciertas áreas del centro, vías centrales que han quedado monopolizadas por los usos turísticos y se dan por perdidas, abriendo la posibilidad en esas calles de reconvertir los usos residenciales en hoteleros: en la Gran Via, la Calle Atocha, la Calle Toledo, Ribera de Curtidores, Princesa, etcétera. Y por lo tanto, habrá más reconversión de los comercios tradicionales en franquicias multinacionales en las calles próximas, y el comercio de cercanias, que construye comunidad y facilita la vida doméstica, quedará arriconado. También sabemos que el plan especial zonificará Madrid para restringir las viviendas de uso turístico en el centro, pero en el resto de la ciudad habrá mucha mayor facilidad. A nosotros nos parece que zonificar es proteger una zona ya devastada mientras abre otra zona a la devastación. foto-madrid-2

Desde Lavapiés ¿dónde vas? habéis impulsado algunas acciones de protesta muy performáticas, como cuando os preguntasteis quien era Raquel de Airbnb.

El ¿dónde vas? del nombre de la red implica que queremos descubrir cosas que no sabíamos, y confirmar con datos reales impresiones que teníamos. Al principio de nuestras discusiones, nos fijamos en el argumento que dice que Airbnb es economía colaborativa, que ayuda a los vecinos del barrio a llegar a final de mes y poder pagar su hipoteca. Pero cuando lo analizas, no solo en Airbnb sino en las otras plataformas, te das cuenta que la mayoría de viviendas se utilizan exclusivamente para el uso turístico. Miradas con ojos inocentes, en las plataformas parece que hay vecinos normales que alquilan su casa. Encontramos a una chica, Raquel, que no alquilaba un piso, sino que alquilaba 100. Raquel es el rostro que la empresa “Friendly rentals Madrid” ha dado a su perfil de Airbnb, una empresa que curiosamente es propiedad del primer grupo hotelero del mundo, Wyndham Worldwide. Descubrimos que hay muchos multipropietarios agrupados en rostros inocentes, gente que no tiene nada que ver con el barrio. De hecho, los cartelitos que vemos colgados en la calle, “Compro piso, urge”, son de agentes comerciales que se dedican a buscar pisos, comprarlos y concentrarlos, a través de los mecanismos de fondos de inversiones. Luego también trabajamos colaborativamente e hicimos que la gente del barrio aportara información. Pusimos un gran plano del barrio de 3 o 4 metros en la plaza de Lavapiés, y pusimos puntitos allí donde la gente sabía que había viviendas de uso turístico, hoteles y edificios en transición al mercado turístico, tiendecitas convertidas en franquicias, y el mapa se llenó de puntos. El mapa sirvió para tomar conciencia que no estás solo, que tus problemas individualizados con el apartamento turístico de tu bloque es idéntico al problema del bloque de al lado, que tienen un contexto colectivo y que podemos afrontarlo si nos organizamos y trabajamos unidos.

También salisteis a la calle y os manifestasteis por los derechos del turista…

Sí, creamos un decálogo de los derechos de los turistas, que algunos ya se ejercen. Alguno era muy patético, como el derecho a hacerse una foto con un negro, porqué hay turistas que deciden hacerse esta foto, el derecho a unos pavimentos rugosos para que las maletas hagan más ruido, o el derecho a tener un Starbucks cada 4 manzanas, este tipo de derechos, y luego hicimos un cartel para que pareciera una manifestación real, y convocamos la primera manifestación de turistas de la historia. Se trata de cuestionar las realidades haciéndolas tan extravagantes como realmente son, porqué en realidad, la vida cotidiana en los sitios afectados por la realidad del turismo masivo es realmente extravagante.

 

 

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